Thursday, November 17, 2005

El David, entre lo profano y lo divino

En un principio, el significado que tuvo el David para la sociedad florentina estuvo ligado a un contexto político de peligro constante ante amenazas que la República de Florencia enfrentaba. Para encarar esta situación, desde mediados del siglo XV se había promovido la lucha para defender al Estado. Ello estaba ligado a la doctrina de fortezza e ira1, que eran los valores cívicos por excelencia. Estos eran los elementos que poseía el ideal del ciudadano florentino. Los cittadinos de aquel entonces vieron reflejados en el David a estos valores republicanos, que identificaron a través de su musculatura y de su expresión determinada a acabar con su enemigo. Así, el David se convirtió en el ciudadano guerrero protector de la ciudad.

El David es un símbolo de la victoria del débil sobre el fuerte, de la fuerza espiritual sobre la fuerza de las armas, y por lo tanto, del triunfo de la razón, la paz y la libertad sobre la violencia y la opresión. Vasari, como complemento político, escribió:

Si come egli [David] haveva difuso il suo popolo e governatolo con giustizia, y così chi governava quella città dovesse animosamente defenderla e giustamente governarla.”2

Así mismo, el David es la personificación del hombre religioso cuya fe lo convierte en modelo de perfección espiritual. Desde esta perspectiva, el David es un cristiano en comunión con la divinidad. Miguel Ángel mismo había incluido elementos de la moral religiosa en su David, por medio de la posición de sus brazos, que a diestra recibe a la divinidad y a siniestra se “vulnera y expone a las fuerzas del mal.”3

Con el pasar del tiempo, el David fue adquiriendo otras connotaciones que se fueron adhiriendo a su esfera de significados. La perfección de su cuerpo, la expresividad de su mirada y todo el torrente de energía de su cuerpo sereno inspiraron a los artistas renacentistas, que tomaron al David como modelo del ideal artístico de la época. Además, la precisión anatómica con la que Miguel Ángel representa a su David fue tomada como el reflejo del espíritu científico de los humanistas renacentistas4, que al mismo tiempo encontraron en el arte una herramienta efectiva para la difusión propagandística de sus ideas5. Así, durante el Renacimiento, el David se convirtió en el símbolo perfecto que sintetizaba los valores ideológicos, de estética y belleza masculina.

Durante el Renacimiento, el arte se independiza de su rol utilitario y por lo tanto, deja de lado a su labor educativa, que durante la Edad Media había sido su función principal. Luego, el arte se revalora y se torna disfrutable en sí mismo. Esta autonomía del arte envuelta en valoraciones humanísticas, se resume en las palabras de Irving Stone:

“[el David] (…) una gloriosa creación, llena de belleza, fuerza, valor, sabiduría, fe en sus semejantes, con un cerebro, una voluntad y un poder interior para dar forma a un mundo lleno del fruto del intelecto creador del hombre.”6

De igual forma, el David representaba al genio humanista, al uomo universale, que dominaba todas las áreas de estudio. A través del Renacimiento, el arte y la ciencia convergían en un mismo hombre, considerado genio. Esta omnisciencia era considerada como una virtud para el la sociedad medieval; sin embargo, a la par de esta apreciación, comenzó a surgir una inclinación hacia la especialización como característica del humanista del Renacimiento tardío7. Justamente, sobre la universalidad que posee el significado del David, Stone escribió:

“[el David] (…) podía representar la audacia del hombre en todas las fases de la vida: pensador, estudioso, poeta, artista, científico, estadista, explorador; un gigante de la mente, del intelecto, del espíritu y del cuerpo.”8

Desde aquel tiempo a la actualidad, las valoraciones políticas y teológicas se alejaron de Il Gigante, dejando paso a las apreciaciones de carácter histórico. El David ahora es una pieza artística con un valor histórico más que político o religioso. Sin embargo, no ha perdido sus dones esenciales, sino por el contrario, conserva la capacidad de inspirarnos, sigue impresionándonos, desatando en nuestra mente un flujo de emociones que nos llevan a preguntarnos por el motivo de tal admiración, que parece estar más allá de cualquier explicación académica.

El David se ha convertido en un símbolo para el hombre contemporáneo, en un modelo del ser humano cuya determinación lo hace dueño de su propio futuro. Su ser es un emblema de la independencia del hombre de las ataduras de las tendencias, de la opresión de los ismos políticos y de todos los problemas devengados del sistema capitalista. El David es un activista defensor de su propia humanidad.

Il Gigante muestra también la importancia de la libertad de elegir. Este es uno de los rasgos más excelsos de su ser. Es un hombre libre que encuentra en su resolución la definición de su humanidad. Miguel Ángel, al capturar el preciso momento previo a la lucha contra Goliat, muestra la importancia aún mayor que tiene la capacidad de decidir; es un ser que encara sus temores y los enfrenta libremente. El hecho de que el David haya decidido enfrentarse a su enemigo era lo que lo convertiría en el hombre valeroso capaz de alcanzar la victoria9.

El David es también la representación de la victoria del débil sobre el opresor. Pero sólo es un débil en la medida que su determinación mengüe, es un hombre que se muestra desnudo ante el mundo, sin un escudo que lo proteja más que su piel misma; se defiende sin más armas que su fuerza de voluntad y valentía. Es un débil que posee una perfección y una divinidad física que no es más que el reflejo de su belleza espiritual, de aquella esencia interior que encontró su camino a través del mármol y trepó por sus músculos; porque Miguel Ángel esculpió un cuerpo metafórico y perfecto que implica una belleza espiritual, fuerza de voluntad y persistencia, es un cuerpo que nos habla de un espíritu constante y disciplinado.

En un contexto contemporáneo, con la competitividad presente en casi todos los aspectos de nuestras vidas, con el desnivel de oportunidades con que nos enfrentamos al mundo, con la misma presión social y a la clasificación que nos sometemos por medio de test vocacionales o arquetipos de género, con los efectos que nuestra sociedad capitalista tiene sobre nosotros, donde aparentemente el poder económico y el dinero se convierten en las nuevas armas para alcanzar la victoria, en un mundo donde las personas son capaces de optar por cualquier medio por alcanzar sus objetivos, donde las calles se convierten en campos de batalla y los ciudadanos nos convertimos en soldados de nuestra propia bandera, donde la ley del más fuerte parece –contra todos nuestros miedos –imperar, o ya sea dentro de un régimen político de corte autoritario, frente a esta realidad el David se transforma en un ente que nos motiva e inspira, se convierte en un modelo del hombre actual que se enfrenta a los desafíos del mundo contemporáneo.

Bajo este contexto, el David deja de ser il cittadino guerriero10 protector de Florencia, para convertirse en el ciudadano del mundo capaz de moldear su propio futuro sin importar las adversidades y obstáculos que tenga que afrontar. Es por eso que aún ahora el David no ha perdido su empatía para con el hombre y sus problemas; en la actualidad seguimos identificándonos con él, su perfección física nos impresiona más allá de nuestra concupiscencia visual, trasciende como la materialización de un ideal guía para la consecución de nuestros objetivos más personales y colectivos. Miguel Ángel esculpió el reflejo de un espíritu de una belleza casi divina, cuya inteligencia se convierte en una hierofanía11 artística. El David es un Axis mundi12 clásico y contemporáneo a la vez, que une al infierno, lo terrenal y lo sagrado.
Jonathan Cárdenas Grau

1 Cfr. Tolney, Charles. Miguel Ángel: Pintor, escultor y arquitecto. Alianza editorial. 1985, p. 17
2 “De igual modo que él [David] defendió a su pueblo y lo gobernó con justicia, así quienes rigen los destinos de esta ciudad deben defenderla con arrojo y gobernarla justamente.”
3 Ibid, loc. cit.
4 Ibid, p. 18
5 Cfr. Hauser, Arnold. Historia Social del Arte y la Literatura. Barcelona: Labor. 1994, p. 400
6 Cfr. Stone, Irving. La Agonía y el Éxtasis. Nueva York: Double Day. 1961, p. 308
7 Cfr. Hauser, op. cit., pp. 418 - 419
8 Cfr. Stone, op. cit., p. 309
9 Ibid, p. 310
10 Cfr. Tolney, op. cit., p. 18 (“el ciudadano guerrero”, relacionado a la ira, que durante la Edad Media fue señalada como uno de los siete vicios que conducían al infierno. También fue exaltada como valor cívico).
11 Hierofanía: la manifestación de lo sagrado.
12 Axis mundi: columna cósmica que une y comunica al Cielo con la Tierra y la Tierra con el infierno.

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